El Bierzo, sangre de reyes

Año 982. Hace un día soleado en Santiago de Compostela. Las gentes corren emocionadas en dirección a la Catedral para asistir a la celebración; la plaza del Obradoiro se encuentra abarrotada. Al fondo se oye un ruido y la gente se aparta para dejar paso a la comitiva encabezada por un joven de unos 30 años y con una ligera cojera.

Toda la nobleza de Galicia y Portugal y parte de la de León y Asturias se encuentra reunida dentro del recinto sagrado. Se abren las puertas y todo el mundo se pone en pie en señal de respeto. El joven avanza hacia el altar donde se arrodilla con humildad ante el obispo. Éste alza en sus manos una corona para que la pueda ver todo el mundo y acto seguido, la deposita sobre la real cabeza. Las campanas de la Catedral tañen con fuerza anunciando la buena nueva; será la última vez que lo hagan con tanta alegría.

Esta es la historia de un Rey que nació en Carracedelo, en el Bierzo.

Infancia y ascenso al trono

Bermudo nació en los alrededores de Carracedelo, aunque en honor a la verdad no se puede decir con total seguridad debido a la falta de datos de su infancia. De lo que si hay cierta unanimidad es que pasó su juventud ahí y le tenía un gran aprecio a la que era su tierra.

Monasterio de Carracedo
Monasterio de Carracedo

Era hijo de Ordoño III y nieto de Ramiro II el Grande, ambos reyes de León y éste último vencedor de Abderramán III, Califa de Córdoba, en Simancas. Era un hombre de rancio abolengo y su ascendencia era regia. Sobre su madre hay muchas más dudas y diversas las opiniones al respecto, desde ser hijo ilegítimo hasta ser hijo de una noble de alta cuna.

Pero mientras Bermudo pasaba su infancia tranquilamente en la campiña berciana, en el reino las cosas no iban tan bien como debieran. Una serie de acontecimientos estaban sumiendo a todo León en la más absoluta de las decadencias. En el año 968 una gran expedición vikinga de 200 barcos llegó hasta Galicia; arrasaron todo cuanto tuvieron a su alcance y durante tres años camparon a sus anchas por todo el territorio gallego. Mientras tanto en el sur, un nombre surgía con fuerza para mayor desgracia de los reinos cristianos. Almanzor, el hombre fuerte del Califato, atacaba continuamente el norte y arrasaba y esclavizaba a aquellos que osaban ponérsele por delante. Innumerables ciudades fueron arrasadas y la cercanía del año 1000 avecinaba que el fin de los tiempos estaba cerca. Muy pocos se enfrentaron a él y entre los pocos uno destacó por encima del resto. García Fernández, Conde de Castilla.

Tal era el estado del reino que en Galicia se estaba preparando una rebelión contra Ramiro III y el candidato para sustituirle solo podía ser uno, Bermudo. En el año 981 Gonzalo Menéndez, un gran noble gallego, encabeza la rebelión y apoya a Bermudo como el próximo Rey de León. Al año siguiente es coronado en Santiago de Compostela y estalla la guerra civil. La nobleza gallega y portuguesa apoyará a Bermudo II y el resto a Ramiro III, es decir, el reino estará totalmente dividido.

Las escaramuzas se suceden por toda la frontera y finalmente el gran choque de ejércitos se producirá durante el año 983. El lugar de la batalla no es claro, se cree que en las cercanía de Antas de Ulla, en Lugo. El mismo resultado de la batalla es incierto, lo más probable es que fuera cercano a un empate, lo que ocasionó que el statu quo reinante fuera el mismo. Durante dos años más, el reino permaneció dividido, hasta el 985, en el que muere Ramiro III. Como único pretendiente, Bermudo II se hace con el control de todo el territorio e incluso el Conde García Fernández le declara lealtad.

Reinado

Bermudo se encuentra ante un reino desolado. La guerra civil, las aceifas de Almanzor y la desafección de algunos nobles convierten al reino de León en una tierra ingobernable. Ante esta coyuntura solo queda una solución, pactar con Almanzor. El reino pasa a estar por protegido por el Califato de Córdoba y a resultas del pacto le es devuelta la ciudad de Zamora, enclave importantísimo en este período, con la condición de que haya una guarnición andalusí velando por los intereses musulmanes. Con un frente a salvo, Bermudo puede centrarse en sus problemas internos y pacificar el reino. La paz no durará mucho y en cuanto se siente un poco fuerte hace algo impensable.

Almanzor
Almanzor

Corre el año 987 y Bermudo da la orden. Las fuerzas del Califato presentes en la ciudad de Zamora deben de ser expulsadas. A la fuerza, el ejército leonés recupera el enclave y estalla la guerra con Almanzor. ¿Fue un error? ¿Fue un acto valiente? Lo que es seguro es que los momentos más terribles para los reinos cristianos se sufrieron a partir de ahora. Una ira terrible y destructora se acercaba desde el sur, no habría paz para aquellos que habían liberado Zamora. Con ese acto, Bermudo marcaría todo su reinado.

Sería muy largo exponer aquí todos los ataques que Almanzor envió al norte. Pero hay una cosa que tiene que quedar clara; todos los años, a partir de primavera, una o dos expediciones punitivas se dirigían al norte quemando y destruyendo todo a su paso. Año a año, miles de personas morían o se convertían en esclavos. Un año te podías librar pero al siguiente podías sufrir la ira de Almanzor. Ciudades enteras de cualquier parte de la península fueron arrasadas. Barcelona, Salamanca, Zamora, León… Todas cayeron.

En momento tan críticos, Bermudo establece una alianza con el conde castellano casándose con su hija, Elvira. Las disensiones internas no tienen lugar en este momento, la propia supervivencia está en juego. Entre los años 987 y 997, Almanzor atacará numerosas veces territorio leonés, gallego y castellano, preparando todo para su ataque principal y más famoso en el año 997. A Bermudo solo le queda una cosa, huir. No hay más remedio, quien se queda, muere. Solo un hombre le hará frente, García Fernández, que en el año 995 morirá en una trifulca fronteriza.

Llegamos al año 997. Desgastada toda la frontera, Almanzor tiene vía libre hasta Santiago de Compostela, el corazón de la cristiandad hispana. Con la ayuda de nobles leoneses, que se pasan al bando ganador, Almanzor llega sin casi oposición al corazón gallego mientras una flota árabe arrasa la costa portuguesa. La ciudad queda completamente destruida. Inexplicable y afortunadamente, respeta la tumba del apóstol, las consecuencias hubieran sido catastróficas de haberla destruido. Como premio, se lleva las campanas y las puertas de la catedral. Cuenta la leyenda, que las hizo cargar por esclavos cristianos hasta la misma Córdoba. A su vuelta destruyó otro enclave, para nosotros muy importante, Castro Bergidum.

Catedral de Santiago de Compostela
Catedral de Santiago de Compostela

Mientras tanto, Bermudo no estaba inactivo. El ejército leonés acosaba a las huestes de Almanzor a su regreso a casa, pero era como cuando un mosquito pica la piel de un toro, molesta pero no daña.

Muerte

Corre el año 999. Solo queda un año para el fin del mundo. Santiago y todo el norte está arrasado, los nobles leoneses están incontrolables y Bermudo II tiene un ataque de gota que le impide caminar; una enfermedad que le ha acosado toda su vida.

Está de paso por las tierras de su infancia, por el Bierzo. En Villabuena ordena parar a su comitiva, está agotado y sabe que va a morir. En estos últimos momentos se le pasa por la cabeza una imagen, la de un magnífico monasterio a la orilla del río Cúa; un templo que mandó construir y en el que mandó ser enterrado. Se le pasa por la cabeza su infancia, las correrías con sus amigos por la campiña berciana, la preparación para la dura tarea que le sería encomendada y la final decepción por una vida fracasada y una obra que está a punto de derrumbarse.

Bermudo II
Bermudo II

Llama a su hijo Alfonso de 3 años y le hace jurar que no se rinda, que siga con su obra y devuelva al orden a todo el reino. El niño, con la ingenuidad que corresponde a alguien de esa edad se lo promete muy seguro de sí mismo. Bermudo más tranquilo, sonríe. Vuelve a tener esperanza. Cierra los ojos y muere.

Para la posteridad Bermudo será conocido principalmente por un nombre, Bermudo II el gotoso. Sin embargo, otro nombre más digno ha sido utilizado para referirse él, Bermudo II, el rey berciano.

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2 comentarios en “El Bierzo, sangre de reyes

  1. Es muy interesante este escrito, en estos momentos estoy estudiando sobre el Bierzo. A esta historia le falta añadir la amistad inquebrantable del rey, con Sampiro su amigo de la infancia y vecino de Campo o de Sorribas. ¿me equivoco? Gracias

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    1. Si mal no recuerdo, también se dice que pudo nacer en Zamora. Para no sobrecargar de nombres la historia decidí obviar los problemas que vinieron después en relación con Sampiro y Pelayo. Muchas gracias por su aporte Adolfina.

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