El oro de un imperio: Las Médulas

Las manos estaban rojas de la tierra arrancada a la montaña. Con herramientas rudimentarias, cavamos en lo más profundo del monte creando túneles que parecían conducir al averno del que tanto hablan los romanos. Libra a libra, extraemos hasta el más mínimo terrón, dejándonos las uñas si es preciso y dejándonos la vida si así lo desean ellos. Total, les salimos baratos, es el precio por resistirnos a la conquista; un esclavo vale más que nosotros, que somos simples peregrini

De repente, suena un cuerno que nos insta a abandonar los túneles, nuestro trabajo por el momento ha concluido; ha llegado el turno del agua. Con un retumbo ensordecedor, un torrente devastador serpentea a través del túnel y arrastra un enorme trozo de la ladera. Donde antes había una sólida montaña, ahora solo queda un panorama digno del fin del mundo.

Ruina montium

En el año 29 a.C., el primer emperador de Roma, Augusto, ordenó terminar la conquista de la Península Ibérica, una labor que había llevado unos 200 años aproximadamente. Después de las conocidas guerras cántabras, los pueblos del norte de Hispania fueron finalmente sometidos. El motivo no solo era por afán imperialista, también intereses geopolíticos le daban a esta zona un singular valor, la riqueza mineral. El oro más concretamente, era el metal más valorado y lo que hoy conocemos como el Bierzo y alrededores estaban repletos de él.

Ruina montium
Ruina montium

Para extraerlo, los romanos idearon una serie de técnicas diferentes entre la que destaca el conocido como ruina montium. Construyeron un colosal sistema de canales cuyo objetivo era trasladar el agua de la región a una serie de túneles excavados en lo más hondo de la montaña y de esta forma, arrastrar enormes segmentos del monte. El agua se embalsaba y llegado el momento se soltaba de golpe; toda esa presión y fuerza arrastraba con todo lo que se pusiera por delante.

El conglomerado resultante era canalizado a través de canales de madera para ser lavado. Primero se retiraban los materiales estériles más grandes a mano y a continuación los más finos eran evacuados a través de dichos canales lejos de la mina, anegando valles y en ocasiones agrupándose y formando barreras que dieron lugar a lagos como el de Carucedo. Los canales de lavado eran cubiertos a intervalos con brezo, que ejercían de filtros dejando con ellos el oro. Finalmente se quemaban las plantas y se obtenía el noble metal.

Brezo
Brezo

El sistema de canales era tan basto que invadía toda la comarca y movía una cantidad de agua tan enorme que marea de solo pensar que lo hicieron hace 2000 años. Tienen una longitud de unos 300 Km, con una pendiente entre el 0,3 y el 0,5% y una anchura 90 y 150 cm, siendo un poco más anchos en las curvas que en los tramos rectos. Esta red de canales se considera el primer gran trasvase entre cuencas fluviales diferentes en Hispania, la del Duero y la del Sil, a través de la cercana comarca de la Cabrera.

Aunque cueste creerlo, para lograrlo, el trabajo no era desempeñado por esclavos, se les encargaba a los conocidos como peregrini. Estas personas se trataban de gente libre con un salario que, como castigo por haberse resistido a la conquista romana, ahora les tocaba ejercer de mineros para entregar el oro como tributo a Roma. Lo bueno de este sistema es que eran más baratos que los esclavos, ya que los romanos no tenían por qué mantenerlos, eso era tarea de los propios pueblos. En resumen, una idea maquiavélica.

Decían de este trabajo que:

Es menos temerario buscar perlas y púrpura en el fondo del mar que sacar oro de estas tierras.

El baile de cifras

Cuando se trama de tema de cifras en épocas tan antiguas, hay que tener mucho cuidado con lo que nos cuentan los sabios, ya que normalmente tratan de engrandecer a sus amos y magnificar al máximo sus logros. Por ello voy a tratar de aportar tanto las cifras dadas por Plinio el viejo, que es el que más escribió sobre este tema y que fue administrador de las minas, y las cifras que arrojan las investigaciones más recientes y probablemente más ciertas.

Según Plinio en su Historia Naturalis, 60 000 hombres trabajaban incansablemente en la explotación, algo nada desdeñable. Prácticamente toda la población de Ponferrada estaría trabajando en las Médulas si hacemos caso a ese número. Más probablemente fueron unos 15 000 hombres incluyendo guardianes, administradores, etc. los que se encargaron de tal colosal tarea. Otras fuentes reducen esta cifra a 5000.

Según Plinio otra vez, 20000 libras romanas eran extraídas al año, o lo que es lo mismo, 6560 Kg. Teniendo en cuenta los alrededor de 250 años que duraron las excavaciones, hablaríamos de unos 5 000 000 de libras extraídas durante todo ese tiempo, es decir, 1 640 000 Kg de oro. De todos modos, estos datos no son correctos por dos motivos, el primero el expuesto anteriormente, que los romanos eran unos exagerados y segundo, que no se mantuvo la extracción a los mismos niveles durante todo ese tiempo. Sin embargo, según la fundación las Médulas las cifras son bien diferentes; concretamente de 4677,5 Kg en toda su historia y un rendimiento anual de 50 mg Au/m³. Una cifra bien diferente de lo que nos dice el bueno de Plinio.

La superficie total de la mina, contando al lago de Carucedo y las zonas sedimentadas, dan un tamaño 1228 ha, lo que convirtió a las Médulas en la mina de oro a cielo abierto más grande de todo el Imperio Romano. Sin embargo, no era la más productiva.

Las Médulas desde Orellán
Las Médulas desde Orellán

Después de Roma

A principios del siglo III d.C. las minas cesaron su producción. Durante cientos de años se trató de un lugar casi mágico debido al desconocimiento de las gentes del lugar. Con el paso de los años y el avance de la cultura, se fue entendiendo qué era aquel maravilloso paraje en el noroeste de España. Durante la guerra civil y la posterior posguerra fueron lugar de resguardo de los maquis y pasados los años, las Médulas empezaron a coger fama. Incluso una empresa canadiense se interesó en su posible explotación. Después de realizar catas en la zona, se llegó a la conclusión de que no había casi oro en las minas.

En el año 1997 y después de una larga serie de reconocimientos, las Médulas se convierten en Patrimonio de la Humanidad, el único enteramente nuestro por el momento y un lugar único que hay que cuidar y respetar. Una obra de gigantes hecha por simples hombres hace 2000 años.

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