Álvaro de Mendaña y el descubrimiento de las Islas Salomón

Una brisa salada acariciaba el rostro barbado y serio del líder de la expedición. Después de semanas navegando hacia la Terra Australis Incognita, la fatiga y desaliento cundía en las dos naves. Los marineros, hombres experimentados y audaces listos para la aventura que un tiempo antes no dudaron en embarcarse en esa locura, ahora se encontraban con dudas con respecto a sus capitanes, con miedo al inmenso Océano y con la resignación de una muerte cercana.

De forma repentina, un grito se oyó por decenas de metros a la redonda. La tripulación, incrédula, se miraba entre sí sin dar crédito a lo que oían. En el rostro anteriormente serio del Adelantado se empezó a dibujar una sonrisa condescendiente mientras en la cubierta del barco gritos de alegría y sinceras carcajadas de felicidad se contagiaban con inusitada rapidez. Acababan de avistar tierra y sus nombres pasarían a la historia.

Introducción

En el año 1541 nacía en el pueblo de Congosto un niño que se conoció en la posteridad como Álvaro de Mendaña. Era hijo de Fernán Rodríguez de Mendaña, descendiente de los Barrios y de Ysabel de Neira, de Villanueva de Valdueza y hermana del futuro gobernador del Virreinato del Perú, Lope García de Castro. El apellido Neira llevó a los primeros investigadores sobre Álvaro de Mendaña a afirmar que su nacimiento se produjo en Galicia, algo totalmente errado y que se refutó con abundante documentación que certifica su procedencia berciana.

Álvaro de Mendaña
Álvaro de Mendaña

Durante 21 años se crio en el Bierzo, en las fincas y posesiones de su familia, hasta que llegado el momento llegó el turno de hacer las Américas. Puso rumbo al Virreinato del Perú, adonde su tío se dirigía para entrar en posesión de su cargo como Presidente de la Real Audiencia de Lima y gobernar la región sin ser Virrey formalmente. Allí manifestó un gran interés en la marinería, donde se formó adecuadamente gracias a la influencia de su tío y lo prepararon para las tareas que le encomendarían luego.

Una de las leyendas más conocidas en esa época era la de las minas del Rey Salomón, unas minas de oro míticas, mencionadas en la Biblia, que se hallaban en la misteriosa tierra de Ofir y que estaban llenas de grandes riquezas. Esta leyenda llevó a los españoles a creer en un rumor muy extendido entre los indígenas sobre unas islas situadas al oeste de América y en las que el oro prácticamente las cubría. Una leyenda similar a la del Dorado, pero que en este caso identificaron con las minas del Rey Salomón.

Junto con esta leyenda se incluía la de la Terra Australis Incognita, que se trataba de un continente mítico al sur del globo que aparecía en muchos de los mapas de la época y que se creía que servía de contrapeso de las tierras del norte.

Mapa de los mares del sur
Mapa de los Mares del Sur y Terra Australis Incognita

Alimentados de una mezcla de fanatismo religioso, codicia por el preciado metal e interés por lo desconocido, en el Virreinato del Perú se comenzó a organizar una expedición para buscar esas islas. Como se dijo anteriormente, Lope García de Castro era el Virrey a todos los efectos excepto en el nombre y en un ejercicio de nepotismo, eligió a su sobrino para dirigir la expedición. Esta elección sentaría realmente mal a Pedro Sarmiento de Gamboa, gran prohombre español de la época y que se consideraba como el que más méritos tenía para dirigir la expedición.

Primer viaje

El 20 de noviembre del año 1567, partían del puerto del Callao dos Naos de 200 y 140 toneladas con 160 hombres a bordo que partían rumbo a lo desconocido. La Nao capitana se llamaba Los Reyes y la Nao almiranta era la Todos los Santos. Para la ruta a seguir se presentaron dos propuestas diferentes, una preparada por Pedro Sarmiento de Gamboa y otra por Hernán Gallego, que fue la finalmente elegida por Álvaro de Mendaña. De haber elegido la otra ruta, hoy estaría escribiendo sobre el descubrimiento de Australia y no de las Islas Salomón.

El día 10 de enero de 1568, la expedición se encuentra con una pequeña isla, probablemente la actual Nui, en Tuvalu, la que según el explorador era:

Pequeña y poblada por gente amulatada

Continuando con su travesía y 80 días después de haber iniciado el viaje, el vigía de la Nao capitana gritó tierra a la vista; acababan de llegar a la isla de Santa Isabel. En la costa divisaron indígenas desconfiados con los cuales intentaron contactar. Para ello se valieron de canciones y música y así demostrar que no tenían intención de hacerles algún daño. Esta artimaña tuvo éxito y consiguieron desembarcar.

Asentados en Santa Isabel, se empieza a confraternizar con el jefe local y su tribu, descubriendo así la existencia de pepitas de oro y perlas. Se ordena la construcción de un bergantín para explorar los alrededores y se manda a dos grupos al interior de la isla. Uno de los grupos se encuentra con oposición, produciéndose el primer muerto español; por el contrario, el otro grupo sube a lo alto de una sierra comprobando que el lugar en el que se encuentran es una isla y no un continente.

Islas Florida
Isla Florida. Situada junto a Guadalcanal

Una vez terminado de construir el bergantín, éste parte durante un mes en el cual se encuentran con una isla cuyo volcán está en erupción; en otra conocen indígenas caníbales; descubren islotes pequeños y grandes y sobre todo avistan una isla de grandes proporciones y gran resistencia de sus habitantes. Dicha isla es descubierta por Pedro de Ortega, natural del pueblo sevillano de Guadalcanal y que a partir de ese momento dará nombre a esa nueva tierra. Esta isla es muy conocida debido a la terrible batalla acontecida durante la Segunda Guerra Mundial. Después de partir de Guadalcanal, siguen explorando un poco más, realizando algunos nuevos descubrimientos y llegando casi a Nueva Guinea donde finalmente deciden retornar y volver a Santa Isabel.

Situación de las islas Salomón
Islas Salomón

A su vuelta y después de contar sus hallazgos, toda la flota se dirige a Guadalcanal, llegando allí el 8 de mayo. Ese mismo día, Álvaro de Mendaña bautiza la zona como las Islas Salomón. Nada más llegar comienzan los primeros enfrentamientos. Durante la exploración en Guadalcanal, las rencillas con las tribus serán constantes y las escenas más macabras se sucederán. Durante la búsqueda de víveres, la exploración del interior y en toda suerte de situaciones, la muerte perseguirá a los españoles, siendo comidos en ocasiones por los indígenas. También serán mutilados y despiezados. Como ejemplo, Álvaro de Mendaña habla varias veces de como a sus hombres:

Les cortaron en pedazos y les abrieron los cráneos.

O también como:

Se les encontró sin dientes, con los cráneos partidos y evidencias de que les faltaban sus sesos, y a muchos les cortaron sus lenguas.

Evidentemente, los españoles no eran inocentes y muy de seguro hicieron sus fechorías más de una vez, pero por desgracia solo tenemos una parte de la historia.

Cuando terminaron de explorar Guadalcanal en el mes de agosto, partieron rumbo a casa por fin, descubriendo por el camino la isla de San Cristóbal, en la cual cogieron a indígenas que se llevaron a las Indias para mostrárselos a las autoridades.

El camino fue tortuoso y lento. El escorbuto, la sed y el hambre mataron a muchos marineros. En un momento del trayecto ambas naves se separaron e incluso una de ellas perdió el palo mayor. Finalmente llegaron a México en enero de 1569 con varios días de diferencia la una de la otra. En julio de 1569, llegan al puerto de Callao desde donde partieron casi dos años antes. Con ellos traían algo de oro, perlas, indígenas y especias como clavo.

Llegada y segundo viaje

A su vuelta, Mendaña intenta realizar un segundo viaje a las Islas Salomón con el fin de colonizarlas, algo que intenta durante años y que es incapaz de conseguir. Su tío muere pocos años después y con él el favor de las autoridades. Durante todo este tiempo vuelve al Bierzo brevemente para retornar al poco a Lima, donde se casa con Isabel Barreto, una de esas mujeres que lograron grandes gestas en una época en la que les era todo adverso. Esta mujer se convertiría en la primera Almirante de la historia de España.

Isabel tenía gran influencia en Lima, algo de lo que se sirvió Álvaro para obtener el favor del nuevo Virrey, el Marqués de Cañete. Con dinero privado y con soldados del Imperio, se organiza la siguiente expedición a las Islas Salomón. El objetivo es colonizar y así evitar que los piratas ingleses tengan un puerto franco en el cual resguardarse.

Cuatro barcos se echarán al mar con 400 personas. Son dos galeones, una galeota y una fragata. A diferencia de la anterior expedición, habrá mujeres y esclavos. Esta vez van para quedarse.

El camino hacia las islas Salomón era en esta ocasión diferente al anterior. Durante su trayecto descubrieron otro archipiélago, el de las Islas Marquesas, bautizadas con ese nombre en honor al Virrey de Perú. Permanecerán en ese archipiélago durante tan solo diez días y pasado ese tiempo continuarán su rumbo.

Finalmente y después de un trayecto sin muchos contratiempos, llegan a su destino. A su paso por un volcán, el galeón Santa Ysabel desaparece para siempre por causas desconocidas. Después de una búsqueda infructuosa, desembarcan en las islas Santa Cruz, parte de las Islas Salomón. Álvaro de Mendaña da orden de asentarse allí; ya no volvería a ver ningún otro lugar.

Volcán Tinakula
Volcán Tinakula, junto al que desapareció la Santa Ysabel

 

A los pocos días empieza a encontrarse mal y cae enfermo, acaba de contraer la malaria. El grupo, sin líder, cae en la anarquía y el desgobierno. Atacan a poblaciones locales, roban, violan… Todo este descontrol se convierte en una rebelión incontrolable y Álvaro de Mendaña empeora aún más. Finalmente, el día 18 de octubre de 1595, muere. Muy lejos de su tierra, pero velado por su esposa. Uno de los grandes exploradores españoles, un hombre de Congosto, acababa de fallecer en las Islas que le dieron la fama.

Álvaro de Mendaña fue el hijo de una época en que la mayor parte del mundo era desconocido, lleno de peligros y aventuras y en la que hacer un trayecto hoy en día de unas horas, llevaba meses y posiblemente una muerte terrible. Pese a ello y mostrando gran valor, sus descubrimientos dieron luz a los europeos sobre los misterios que guardaban los Mares del Sur y sus aportaciones fueron imprescindibles en el conocimiento de la geografía y de los pueblos que habitaban en esas aguas.

Expediciones
Expediciones de Álvaro de Mendaña
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