Bierzo de Leyenda: La Virgen de la Encina

Una extraña sensación le atraía hacia el claro del encinar. Casi como si de un canto de sirena se tratara, el joven caballero templario se sentía irremediablemente atraído hacia ese lugar y absorto como estaba, se quedó mirando embobado sin darse cuenta que su superior se acercaba a él iracundo por la interrupción de la tala de los árboles.

La gran cantidad de improperios que le cayeron no supuso menoscabo alguno para sus intenciones ya formadas; tenía muy claro lo que tenía que hacer. El trabajo se reanudó y el joven, con muy buena disciplina siguió con sus labores, mas su alma todavía permanecía junto a ese claro escuchando la llamada.

Al llegar a la naciente encomienda, el joven fue sometido a castigo por su supuesta ociosidad. Sin embargo, él sabía que una orden mayor le llevaba a huir de allí y llegar a ese encinar. Con la caída de la noche, el joven se escabulló muy silenciosamente y se adentró en la oscuridad de los árboles. Corría y corría ignorando los continuos arañazos de las ramas en su rostro ensangrentado; la voz cálida de una mujer le llamaba y él, fiel como un niño ante la orden de su madre, se dirigía hacia ella solícito y obediente.

Por fin lo vio. En un pequeño claro, un árbol se alzaba solitario en medio bañado por los rayos lunares de septiembre, dando al lugar un aura mágica. Con un miedo prudente y un deseo acuciante, el caballero avanzó lento. Irracionalmente, se puso a talar con tal de liberar lo que él creía dentro; no sabía bien el por qué, solo que tenía que hacerlo. Después de un rato trabajando afanosamente, un crujido resonó por todo el bosque y la encina se partió en dos. Dentro de ella, una pequeña talla se erguía orgullosa, como mirándole severamente a los ojos y ordenándole lealtad incondicional. El caballero se arrodilló ante la Virgen negra y entonó un cántico sagrado.

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Representación del hallazgo de la Virgen. Obra de Venancio Blanco

El ruido procedente del bosque despertó a sus camaradas que acudieron al lugar para ver lo que sucedía. Cuando llegaron, vieron como su compañero estaba arrodillado y llorando de alegría. El joven recogió la santa figura con devoción y cuidado y cuando se dio la vuelta, se percató de que todos sus compañeros de la Orden le observaban; tan abstraído estaba que no se había dado cuenta antes de su presencia. Caminó hacia ellos y al reconocer lo que llevaba entre sus brazos no podían más que arrodillarse ante el milagro acaecido.

Desde ese momento, esa Virgen negra, sería la señora de esas tierras.

El origen de la leyenda

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Virgen de la Encina

Cuenta la leyenda que la Virgen llegó Hispania sobre el año 450 de las manos de Santo Toribio, Obispo de Astorga, que la trajo consigo de Jerusalén junto a otras reliquias. Estuvo largos siglos en la capital de la diócesis hasta que un día, por temor a las razzias árabes que venían del sur, el nuevo Obispo, San Genadio, escondió dentro de una encina a la Virgen. La ocultó tanto y tan bien que pasaron los años y se perdió totalmente su pista.

Pasan los años, se construye el famoso puente que da nombre a Ponferrada y al poco tiempo los Templarios hacen aparición y se proponen defender el camino de Santiago por esta zona. Cuentan que durante una tala en la que se recogía madera de encina, una de ellas en vez de caer, partió por la mitad y dentro se halló la famosa Virgen. Una Virgen de talla bizantina y de madera de un color que no es habitual entre los árboles de aquí o eso se decía. Es conocida por ello como la Morenica y es una de las vírgenes negras tan típicas que se encontraban por las zonas en las que se establecía la Orden del Temple.

Ya desde el inicio del hallazgo, la Virgen, a la que en esos momentos no se le atribuye ningún milagro, consigue una devoción inusual en las gentes de la zona. Tanto es así que el primitivo templo que se le construye se queda pequeño en poco tiempo y se tiene que construir uno nuevo sobre el año de 1344. Esta iglesia dura relativamente poco tiempo, ya que dos siglos después, en 1572 se inicia la construcción de la nueva iglesia, que más tarde se convertirá en basílica y que todos conocemos bien.

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Basílica de la Encina

Hay que destacar que, en algún momento del siglo XVI, la Virgen original desaparece sin saberse muy bien como y se fabrica una nueva Virgen, en teoría a imitación de la anterior, que es la que se venera actualmente.

En el año 1908, la Virgen de la Encina es coronada como patrona de todo el Bierzo. Desde entonces el 8 de septiembre se considera el día de el Bierzo.

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